La situación fiscal del Gobierno Central se deteriora a una velocidad preocupante. De continuar la tendencia actual, el faltante podría superar el billón de colones este año (un millón de millones). Las remuneraciones y transferencias, que representaron el 74% del gasto en los últimos doce meses, son las responsables del desastre que se gesta en las finanzas públicas. En el primer trimestre de este año aumentaron en ¢157.000 millones (un 31%) con relación al mismo período del 2009, mientras que los ingresos crecieron en ¢45.000 millones (un 8%). Estos disparadores del gasto pasaron de representar el 86% de los ingresos totales en el primer trimestre del 2009, a representar el 104% en el trimestre recién concluido.
Nuestras proyecciones apuntan a que el déficit del Gobierno Central podría alcanzar niveles entre el 5,7% y el 6,6% del PIB al finalizar el 2010, llevando al déficit consolidado del sector público a representar entre el 6,1% y el 7% del PIB. Pero lo peor estaría por venir en el 2011.
Si la tendencia continúa, el faltante del Gobierno Central podría representar entre el 8% y el 10% del PIB. La crisis fiscal es inminente a menos de que se implemente cuanto antes una reforma fiscal que permita financiar el creciente gasto público. Las autoridades económicas apuestan a apagar el incendio fiscal este año recurriendo al endeudamiento externo, y esperando que la recuperación económica levante la recaudación tributaria lo suficiente para evitar el desastre. Parece ser una apuesta extremadamente riesgosa.
Por un lado, la deuda externa podría disparar nuestros niveles de endeudamiento si el tipo de cambio revierte su tendencia.
Recordemos que los ingresos se recaudan en colones, por lo que aumentar el riesgo cambiario del Gobierno en estos momentos es muy peligroso. Además, el financiar el déficit con recursos externos no evitará que el faltante siga en crecimiento.
Lenta recuperación. Las esperanzas de una mayor recaudación tampoco son confiables. La recuperación en la actividad económica que se experimentó en el 2009 ha perdido impulso en los primeros meses de este año.
El IMAE (indicador mensual de actividad económica) aumentó tan solo un 0,07% en enero, y en febrero cayó 0,06%, lo cual advierte el riesgo de una recaída en recesión.
Esta pérdida de dinamismo se podría profundizar por la política monetaria restrictiva que aplica el BCCR para contener la inflación.
En los últimos doce meses el medio circulante se ha contraído un 1,7%, y el crédito al sector privado ha caído un 0,4% (sin contar la inflación).
Pero aún si la economía logra retomar la senda del crecimiento, el incremento en los ingresos difícilmente sería suficiente para cubrir los mayores gastos.
Nuestra proyección más optimista se basa en un crecimiento del 13% en los ingresos este año (un 71% más de lo que efectivamente aumentaron en el primer trimestre).
Las alarmas deberían estar sonando. Aprobar una reforma fiscal se vislumbra particularmente difícil con una Asamblea Legislativa tan fraccionada.
Si el Ejecutivo no empieza a actuar cuanto antes, el desastre será inevitable.