A pocos días de que tome posesión el nuevo Gobierno y después de un difícil 2009, vale la pena hacer un recuento de cuáles son sus retos en materia laboral para este 2010.
El primer reto es priorizar. Muchos asuntos son importantes, pero unos son más urgentes que otros:
a. Disminución de la tasa de desempleo formal:El año pasado, con motivo de la crisis, se perdió la considerable suma de 40.000 empleos formales en el sector privado. La reincorporación pronta y en condiciones similares o mejores de este colectivo es el norte a seguir. ¿Cómo lograrlo? Sin duda alguna, la aprobación de la Ley de Zonas Francas fue un buen inicio y ahora falta tomar otras acciones necesarias para que el sector privado, que es el mayor empleador en nuestro país, recupere la confianza para invertir. Algo hemos avanzado al respecto, según se desprende de la reciente encuesta “Pulso Empresarial” publicada por la Uccaep, pero hay que darle a este sector las condiciones para que reactive la contratación de personal.
b. Disminución del porcentaje de empleo informal: Si la tasa de desempleo formal de 7,8% nos preocupa, la tasa de empleo informal nos debería desvelar. Más de un 30% de los trabajadores autónomos o subordinados de nuestro país laboran sin estar empadronados en la CCSS, consecuentemente, forman parte de la fuerza laboral activa pero están desprovistos de protección social y de las garantías legales mínimas que la legislación otorga a todo trabajador. ¿Cómo disminuir este porcentaje? El fortalecimiento y planes claros de trabajo de las inspecciones del Ministerio de Trabajo y de la CCSS sin duda serán fundamentales en este aspecto, pero también se tendrá que trabajar en bolsas de empleo y programas para fortalecer las pimes.
c. Proyectos de Ley relevantes y pendientes de aprobación en la Asamblea Legislativa: La reforma procesal laboral (expediente 15990); el proyecto de fortalecimiento del movimiento sindical (expediente 13475), flexibilización de las jornadas de trabajo (expediente 16030) y protección del empleo en momentos de crisis (expediente 17315) serán proyectos que, cuando vuelvan a discusión, medirán la capacidad negociadora de los nuevos diputados y la forma en que incorporan a los distintos sectores involucrados para lograr acuerdos.
d. Y, por supuesto, la última, la más urgente y la más complicada: Implementación del diálogo social no solamente como instrumento de negociación entre los distintos sectores involucrados, sino como una nueva cultura de atender y asumir la política laboral del país. Este tema no es sencillo. Para implementar el diálogo social en Costa Rica debemos respondernos a las típicas preguntas de ¿por qué?, ¿quiénes?, ¿cómo? y ¿cuándo?
¿Por qué?Diálogo social es un objetivo estratégico de OIT, (definido en términos generales como todo tipo de negociaciones y consultas –e incluso el mero intercambio de información– entre representantes de los gobiernos, los empleadores y los trabajadores sobre temas de interés común relativos a las políticas económicas y sociales). Hasta la fecha, en materia laboral Costa Rica ha avanzado de forma positiva en la aprobación de leyes para regular el contrato individual de trabajo. Sin embargo, en materia de derecho laboral colectivo, nuestro país saca una nota deficiente y esto se debe a que nunca hemos desarrollado una cultura de diálogo por la evidente falta de confianza entre los sectores. Acá todos tienen una cuota de responsabilidad y nadie puede sacudirse.
¿Quiénes? De todas, la pregunta más complicada. La escogencia de los legítimos interlocutores del diálogo social será un gran reto. Del lado patronal y del Gobierno la cosa parece ser más sencilla, pero del lado de los trabajadores habrá que analizar con cuidado si serán los sindicatos los únicos representantes a pesar de su escasa presencia en el sector privado (no más de un 5%). Mi criterio es que mientras el sindicalismo no sea representativo en el sector privado, debería abrirse espacio a otras organizaciones de trabajadores libremente electas para velar por sus derechos. Estos “comités de empresa” podrían ser un legítimo y válido interlocutor y el respaldo de los trabajadores sería su carta de presentación.
Algunos, sin duda, pensarán en el Solidarismo como interlocutor. Mi posición es que el movimiento solidarista no debe participar como representante de los trabajadores en procesos de negociación de derechos laborales, porque esa no es su función; pero sí debería participar en aquellos foros y espacios donde lo que se analice sean las condiciones propias del trabajador como individuo. Nadie más legitimado que ellos para estar ahí, si cuentan, según datos del Movimiento Solidarista Costarricense, aproximadamente con 425.000 afiliados a nivel nacional y además se registran diversas asociaciones tanto en el sector público como privado.
¿Cómo?Para implementar el diálogo social debemos fortalecer los ya existentes órganos tripartitos: Consejo Superior de Trabajo y el Consejo Nacional de Salarios y para otros casos específicos, como la aprobación de leyes sobre temas laborales sensibles, sentar en la mesa de negociación a distintos interlocutores que legítimamente representen los intereses de los sectores involucrados.
¿Cuándo?Para ayer' dice el adagio popular cuando algo es muy urgente. Sin embargo, una vez creadas las condiciones necesarias para echar a andar el diálogo social, no esperemos resultados inmediatos, porque para crear una cultura de negociación por intereses se requiere de tiempo, las partes deben aprender a discutir sus posiciones sin bloquear calles o sin publicar campos pagados o comunicados de prensa.
Ahora lo harán en mesas de negociación donde la regla de oro es conciliar intereses y desechar posiciones dogmáticas.
Cuando esto se logre, tal vez habrá una Asamblea Legislativa limitada a cumplir con el mandato del pueblo y no a decidir por él.
Para el próximo equipo de Gobierno el tema laboral será medular; ojalá que en el 2011 ya podamos estar comentando los primeros cambios positivos.