En Guardia

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Jorge Guardia abogado-economista jguardia@nacion.com 12:00 a.m. 27/04/2010

La minería a cielo abierto es una historia de nunca acabar. Entrelaza pasión, temor, amor y odio, juntos, como las novelas del realismo mágico. Si todos los mineros fueran malos –o buenos–, no habría confrontación. Ni escribiríamos esta columna.

Es natural tomar partido. Es el derecho que les asiste a todos los lectores y los columnistas de opinión. Piensen cuán difícil sería dejar enterrados recursos minerales tan preciados como el oro en una comunidad pobre, sin fuentes de trabajo, abandonada por omisión estatal y la férrea oposición ambientalista. No hacer nada tiene un costo de oportunidad. Para los lugareños, es seguir pelando rata.

Hay elementos legales y económicos que no han sido debidamente aquilatados. No es correcto apelar al Art. 50 de la Constitución, que garantiza un ambiente sano, para prohibir (a raja tabla) la minería. La Constitución no lo hace. Tampoco, el Código de Minería. Su reglamento dice que “El aprovechamiento de los recursos minerales es de significativa importancia en el desarrollo económico del país. Y es tarea del Estado asegurar que contribuya a incrementar el equilibrio social, ambiental, económico y político nacional en beneficio de las comunidades”.

Si la minería no está prohibida, está permitida. Tampoco es correcto afirmar que se podría prohibir por decreto. Sería inconstitucional. Lo que sí se puede –y debe– hacer es exigir el cumplimiento de la normativa ambiental vigente. Y ahí entran en juego los estudios de impacto ambiental y los análisis de costo-beneficio social. Para valorar si el desarrollo minero contribuye al equilibrio económico y social de las comunidades, no es suficiente alegar que la minería destruye. Hay que cuantificar rigurosamente todos los costos y beneficios sociales, mediante metodologías convencionales. También se deben comparar los beneficios netos con los que aportarían otros proyectos alternativos, como ganadería, agricultura, turismo ecológico o explotación maderera. Es esencial.

En Cutris de San Carlos, por ejemplo, ninguna de esas actividades alternativas podría competir, ni remotamente, con la extracción de oro, cuya cotización en el mercado internacional ha oscilado alrededor de $1.000 dólares la onza. Simplemente, es demasiado rentable. Tampoco podrían competir en generación de divisas (llegará el día en que repunte el dólar), empleos directos e directos, ingresos tributarios (30% de la utilidad neta) y demás pagos a la comunidad. El oro es mucho más rentable socialmente, especialmente si se acompaña de medidas técnicas para mitigar el impacto ambiental. Sería un error rechazarlo sin hacer un balance económico y ambiental equilibrado.

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comentarios

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Luis Ávila Agüero 20:17 27/4/2010

Felicito a Don Jorge, Buenísimo comenetario. A los tales "ecologístas" que han hecho para hecharse abajo los artículos de la Constitución y las Leyes que permiten la minería a cielo abierto, Que han hecho? Por favor sean serios

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Gonzalo Gonzalez Mora 18:55 27/4/2010

Desafortunado el enfoque de Don Jorge, opino igual que uno de los anteriores comentaristas, creo que fue un lapsus de Don Jorge. Soy empresario y aprecio los negocios, pero se olvida Don Jorge que Costa Rica decidió hace ya bastantes años vender una marca, y es la marca de la conservación y ecología para un turismo que la exige. No escogió vender cadenas de oro, para eso que vayan a Dubai. No compite ninguna mina de oro con los mas de mil millones en exportaciones anuales que representa el turismo. El famoso 30% de impuesto de renta, pues ese es el que pagamos todos aquí, nada nuevo. Además ya el proyecto incluso especifica, que es una cantidad X de oro y se agota la mina, y nos fuimos. Pues la mina del turismo ecológico en Costa Rica apenas se está destapando, y no es de una solo empresa como el caso de Crucitas, es de muchos participantes, gran cantidad de PYMES participan en el turismo verde, y que como un todo pagarán mas impuesto de renta que Crucitas y por muchos años mas.

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Jezebel Conrad schneider 18:19 27/4/2010

Sin palabras, un forista dice : "En este siglo XXI, existe mas que nunca control sobre el impacto ambiental.", con todo respeto, estamos hablando del mismo planeta. La cumbre para frenar el calentamiento global fue todo un fracaso, y algunos indicaron que simplemente el progreso y la producción no se pueden desacelerar; por favor, vamos a tener joyas,celulares, computadoras etc , pero ni gota de agua que tomar y una calidad de vida pésima. No entienden que lo verde no se toca, porqué es lo que nos da de comer, agua y aire puro que respirar.

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Adriaan van Rijn De Klerk 12:30 27/4/2010

Muy buen comentario Don Jorge, como simpre, poniendo los puntos sobre las "ies". Siempre y cuando existan los medios para asegurar una gestión responsable y adecuada, este proyecto será beneficioso para la gente de Crucitas.

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daniel gutierrez sanabria 11:52 27/4/2010

Personalmente, considero necesario el desarrollo de actividades económicas pero de caracter responsable, que implique un análisis serio de la condiciones antes, durante y después de la eventual ejecución del proyecto. Por tal razón, los intereses personales sobran y emerge la visión de país que intentemos poner en práctica. Ante este panorama no queda más que una concertación clara de acciones (sin extremismos de ningun tipo).

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