Este año, el gran lunar de la transmisión del certamen Miss Costa Rica fue, irónicamente, uno de sus pluses: el despliegue de recursos técnicos y de última tecnología que ofreció un montaje de avanzada, muy atractivo visualmente, en un lugar bellísimo, como es Hacienda Pinilla.
Decimos que este detalle fue el gran claroscuro de la producción porque solo lo disfrutamos y lo dimensionamos los pocos que estuvimos ahí: la producción no fue capaz de transportar al televidente (es decir, al público masivo) al exótico lugar donde se desarrolló el evento. Craso fallo, pues se desperdició gran parte de la inversión, el esfuerzo y la intención al desatender este detalle tan importante: no se potenció lo esplendoroso del lugar (¡ni la playa, ni el mar!) y en ese caso, habría dado casi lo mismo organizar el concurso en algún auditorio josefino. Además, estaban en Guanacaste, cuna del folclor de este país, y tampoco aprovecharon este detalle para contextualizar la actividad. En cambio, armaron una desabrida coreografía con bailes ¿orientales?
Como ocurre en los certámenes de países más desarrollados, el papel del maestro de ceremonias juega un papel vital en el manejo de la transmisión. En este sentido, Wálter Campos quedó debiendo, y mucho: se mostró acertado pero acartonado, y aquí se requería de un veteranazo que compensara con su seguridad y soltura el nerviosismo inevitable de las participantes. Shirley Álvarez estuvo bien ralita y Nancy Dobles tuvo que salvar la tanda, lo bueno es que lo hizo de gran manera.
Dicho lo anterior (y obviando otras pulgas, como lo arrugados que se veían los trajes de noche) hay que resaltar que este año el certamen recuperó el caché perdido en algunas emisiones por cuanta de las participantes: esta vez no hubo “miches” públicos y a pesar de que las “favoritas” se quedaron de camino, más allá de algún berrinche pasajero, ninguna cedió a los aguijonazos de algunos medios de quinta categoría y asumieron el resultado con dignidad. Teletica.com se lució con los cibernautas, pues durante los comerciales la gente que estaba en Internet podía ver entrevistas y otros entretelones del concurso. Lástima que no aplicaron este recurso con otras notas que se imponían en la celebración del 50 aniversario: se limitaron a los collages de fotos de ex-misses y no llevaron a ninguna, en especial de décadas pasadas, al evento.
Pero el meollo de todo este asunto, la cereza del pastel, es la elección de la representante ante Miss Universo y ahí sí este Topo acuerpa la decisión: Marva Wright es lo suficientemnte alta y espigada como para los estándares del concurso, pero además se notó madura (tiene 24 años), es profesional y, LO MÁS IMPORTANTE, es desconocida en el medio, lo cual es más que valioso en un entorno tan contaminado.
Nos gustó que no se inmolara cuando le preguntaron si se haría alguna cirugía estética y dijo con naturalidad que de requerirla, sí, mientras que otras negaron a rajatabla hacerse algo, pero no dijeron que es porque ya llevan varias horas-quirófano en diferentes partes del cuerpo (¡cómo si todos no lo supiéramos!).
Esperamos que a Marva le vaya mejor que a la mayoría de embajadoras nuestras en estos concursos, pero sí anticipamos que quizá no tenga muchas opciones como Miss Fotogénica: Marva es mucho más linda en persona que ante las cámaras.
Y lo más maravilloso es que, en esta ocasión, se puede hablar de carencias de producción y demás, pero nadie ha mencionado la palabra “argolla”, tan presente en el pasado. ¡Qué gente! Bastó que Nancy Montero dijera que el otro año irá por la corona por tercera vez consecutiva, cuando ya le endilgaron el mote de “el Otto Guevara de los concursos de belleza”. Perdió la perspectiva Rodolfo González esta semana en 7 Días, con el abordaje que hizo sobre el conflicto universitario. Tómese en cuenta que ya había pasado casi una semana desde que se dieron los hechos por todos comentado, así que el tema, o se dejaba de lado, o se abordaba desde otro ángulo, pero a Rodolfo se le ocurrió llevar a un par de púgiles, de bajo nivel, que se enzarzaron en un pleito como si el zafarrancho estuviera ocurriendo en esos momentos. Muy loable la actitud de María José Castillo, quien aceptó la invitación de su tía, la también cantante y maestra de canto, Cristina Gutiérrez, para que la noche del pasado 15 de abril participara en el Primer Concierto de Alumnos de Canto Popular realizado en la academia Skala, en Heredia. Tía y sobrina interpretaron juntas la canción Hijo de la luna y conmovieron al público. La ex-casi-Latin American Idol también presentó dos temas de su más reciente producción y lució una figura remozada. Entre los presentes también vimos al futbolista y empresario Pablo César Wanchoope, quien aplaudía de manera entusiasta a su pequeña hijita Pamela, una de las estudiantes de Cristina Gutiérrez. La coquetísima niña interpretó Close to you. El ministro de la Presidencia, Rodrigo Arias, estuvo muy a gusto en el stand de Plycem, en la inauguración de la ExpoConstrucción, en Pedregal. Se quedó como media hora. ¿La razón? La excelente compañía que le hicieron las modelos Bricsy Mora y Candle Lanuza, quienes quedaron encantadas con el humor y la buena conversación de don Rodrigo. Lejos de las poses políticas, él mostró un lado muy sencillo y hasta hizo una que otra broma. Otro que destacó por su amabilidad el domingo pasado, a media tarde, fue el arquero saprissista Kéilor Navas, quien almorzaba con su esposa, Andrea Salas, en Il Pomodoro de San Pedro. A pesar de que venía de sudarse la chaqueta en el juego contra Pérez Zeledón (presumimos que rabiando de hambre), no tuvo reparos en recibir el saludo de un pequeño aficionado quien lo vio entrar al restaurante y se acercó tímidamente a pedirle un autógrafo. De vuelta a su mesa, el chiquillo mostraba orgulloso su mantelito de papel que por el reverso decía: “Para mi amigo Andrés, con cariño, K. Navas”.