En Vela

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Julio Rodríguez 12:00 a.m. 23/04/2010

Un tema resobado, que vale la pena. En agosto del 2009 el Gobierno de Panamá envió a la Asamblea Nacional un proyecto de ley sobre los casinos. La ley comenzó a regir en enero pasado y a producir los ingresos respectivos. En Costa Rica un proyecto similar reposa en la Comisión de Asuntos Hacendarios.

La presidenta electa, Laura Chinchilla, comentó, según informó La Nación ayer, que “Panamá va a construir una carretera nueva de cuatro carriles hasta la frontera con Costa Rica, tiene dos muelles por licitar, un servicio de metro y un moderno sistema de autobuses”. Luego, denunció “nuestro letargo en el proceso de toma de decisiones, la condena previa a los proyectos y una gran dificultad para negociar”. En suma, el clásico nadadito de perro tico que algunos identifican con la devoción a la democracia participativa y callejera, cuando lo cierto es todo lo contrario: la inejecutividad y la modorra conspiran contra los resultados, y la carencia de estos deprime y degrada el sistema democrático.

Esta (in)cultura del nadadito de perro y del miedo a tirar a marco subyace en la papelomanía, la tramitología, el radicalismo ideológico (de todo signo), el poder de los mandos medios burocráticos, la falta de visión y de carácter de políticos y gobernantes, que han llegado a “sostener la yegua” o a nutrir el currículo. También nos delatan estos males en la psicología del costarricense refractario a enfrentar los hechos y, perdóneseme la expresión, a dar la cara. Las venturosas excepciones de hombres y de mujeres que han dado la talla, por su pensamiento y su acción, están esculpidas en sus obras en medio de legiones de envidiosos, de bajapisos, de blufs y sembradores a volea de desconfianza y difamación.

Contra estas huestes hay que luchar para extraer lo mejor del país, como hicieron nuestros abuelos, que, por cierto, remontaron el vuelo y remaron mar adentro porque, a diferencia de algunos contemporáneos, no se quedaron en el pasado. No es posible, por ejemplo, que por el miedo a tomar decisiones razonables o por cualquiera de las causas dichas ni siquiera tengamos derecho a saber qué tenemos. Lo digo por el reportaje de ayer de La Nación, que plantea una cuestión capital. Título: “Talamanca esconde codiciados yacimientos de oro y cobre”, como los contienen, en riqueza marina, nuestros mares para explotación y disfrute de otros. Solo el potencial aurífero de nuestro país asciende a $20.000 millones, según el Colegio de Geólogos.

Nos pasa lo de aquel viejito que encerró a su hija por 62 años para que no se expusiera al mundo y no perdiera la virginidad. Virtud de invernadero, la llaman, carente de méritos y rica en ignorancia.

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Fyodor Aadrianov Castro 16:38 24/4/2010

Algunas observaciones sobre este artículo: Primero: Empieza hablando de la presidenta electa y termina haciendo una defensa de la minería a cielo abierto. El autor olvida que la nueva presidenta –sin nadadito de perro- dijo NO a la minería. Segundo: Trata de justificar la explotación minera con el trabajo de los ancestros. ¡Por favor! La agricultura y la minería son casi antónimos. Ellos extraían el fruto de la tierra para alimentar a sus familias y a sus vecinos. Jamás la envenenarían por oro. Tercero: ¿$20,000 millones de dólares? Creo que el señor tiene suficientes años para recordar la edad dorada de la explotación bananera en Costa Rica. Díganos usted adónde está la fabulosa fortuna que generó la destrucción de los bosques del Caribe y del Pacífico Sur de Costa Rica. Cuarto: Luchar contra huestes. ¿Nicas o Colombianas? ¿Financiadas por Chávez? ¡Son costarricenses! Y tienen todo el derecho de exigir algo decente y bueno para el país. Quinto: El viejito, (perdonen, pero no puedo resistirlo) ¿resultó tan virtuoso como el Obispo Marcial Maciel?

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Elias Marin Lara 18:39 23/4/2010

Don Julio, debo decirle, con todo respeto, que su sugerencia acerca de extraer todo el oro que hay en Costa Rica lo ubica apoyado sobre una plataforma antropocentrica de pensamiento ya superada. La naturaleza no nos pertenece ni tiene valor monetario. No hay tales $20,000 millones mas que en nuestra deformación cultural que nos hace valorar todo como una mercancia. Yo no me siento parte de lo que usted menciona como huestes a las que atribuye la construcción de obstaculos para "extraer lo mejor del país" y sin embargo, me encuentro en total oposición a la destrucción del ambiente natural para extraer un poco de oro. Es necesario comprender que sobre el ser humano recae el imperativo ético de conservar el planeta para quienes aún no han nacido. No podemos seguir poniendo precio en dólares a todo, hay cosas que están en un plano superior y el amor y respeto para con el ambiente natural es una de ellas.

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Rodolfo Solera Urcuyo 13:06 23/4/2010

Es bien sabido que la mineria, en todas sus formas, presenta un impacto demasiado alto en el ambiente. Basta con observar la gran superficie que debe ser talada, y la perturbacion de la topografia del terreno que implica una mina. Y ni siquiera se diga de la toxicidad de los materiales utilizados para la separacion del mineral; un pequeño accidente puede significar la intoxicacion de grandes poblaciones humanas y animales. Quienes quieran excusar la exploracion petrolera o aurifera como un medio para darle medios economicos al estado, debe abandonar tal idea por alcahueta. La solucion facil es usualmente la mas perjudicial, pero la mejor solucion es usulamente bastante sencilla. Si se busca hacer mas eficiente al Estado, recortando en gastos innecesarios (llamese asesorias, pagos de deuda politica, propaganda inutil de gobierno), eliminando la corrupcion y el robo por parte de funcionarios publicos, no sera necesario pensar en la mineria como la panacea para todos nuestros males economicos. Es incorrecto querer comparar la oposicion de un porcentaje de la poblacion pensante a la mineria o la explotacion petrolera, a la negativa de los grupos sindicales a la apertura de los muelles por ejemplo. No existe una base para comparar estas dos actividades; los puertos ya existen y lo que se debe hacer es optimizar el servicio y hacerlo verdaderamente eficiente. Esto, desgraciadamente, va a significar pasar el puerto a manos privadas, tal y como paso en Caldera (con resultados muy positivos).

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Divian Brenes Guevara 12:33 23/4/2010

Hay algo que es claro y contundente. Le podemos decir que si a Crucitas y también a el oleoducto y a la minería en Talamanca. Es una de las dos opciones. Lo que no podemos hacer es decirle que si a un oleoducto, a la minería en crucitas, a la minería en Talamanca, y a mega proyectos hoteleros y a la siembra descomunal de piña y después andar por el mundo pregonando que somos un país modelo que cuida el medio ambiente y que tiene liderazgo en el campo. Precisamente esa ha sido la poca claridad del accionar de este gobierno que ya termina. Tenemos que decidir qué camino tomar, porque ambas cosas en un país con un territorio de 51.100 kilómetros cuadrados no es sostenible y más bien se convierte en algo en lo que seriamos el hazme reir del mundo entero

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Federico Villalobos Carballo 11:31 23/4/2010

Me parece desafortunado la constante adulacion al caso panameño. No es comparable con Costa Rica. Primero tienen un canal que aunque no lo admitan tiene efectos enormes sobre el medio ambiente. Concentra todo su desarrollo en una ciudad. No tiene el mismo sistema de derechos para sus ciudadanos. Y con una entrada inmensa de capitales de mal haber. O sea queremos ser un Panama? esa es la pregunta.

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