John Carter, decepción a todo nivel
John Carter y su presupuesto de doscientos cincuenta millones de dólares se me hace un proyecto tan glotón que pareciera atragantarse en su propia saliva. Hasta el público le ha respondido sin mucha emoción y, a pesar de su tercer lugar en la taquilla en Estados Unidos en este fin de semana que recién pasó, ya ha sido aceptada por Disney (los estudios productores) como un verdadero fracaso. Acá, las salas han estado relativamente llenas, el público se ve seducido por estos “westerns intergalácticos” que algo tienen de añoranza de las aventuras que imaginábamos de niños, es natural que nos inviten a pasarla bien, pero tampoco ha sido algo arrasador. No sé ustedes, pero yo esperaba bastante más de John Carter, sobre todo teniendo como director a Andrew Stanton, quien entre sus títulos tiene a A Bug's Life (1998), Finding Nemo (2003) y WALL-E (2008), tres de las mejores películas animadas de Pixar.

Y es que quizás, lo que no termina de convencer de esta película es lo que debería ser su fuerte: los efectos especiales, la ambientación de ese mundo fantástico del planeta Barsoom al cual John Carter (Taylor Kitsch) es teletransportado directamente desde un Arizona de los años posteriores a la guerra civil. Desde La guerra de las galaxias, en los setentas, no he encontrado una película en la que el futuro sea retratado con propiedad. El secreto en ella, me parece, es algo que en algún momento comentó su creador, George Lucas: “todo futuro tiene su pasado”, y aquellas naves extraordinarias como el Halcón milenario tenían sus raspones y abolladuras de tanto viaje intergaláctico. Acá, en John Carter, todo pareciera ser —sin serlo— un dibujo animado. El lenguaje visual utilizado termina restándole fuerza a la propia película, caricaturizándola, y al agregársele la acartonada actuación de Kitsch, su estrella, pues no queda nada más que resignarnos. En esta ocasión, Kitsch pareciera hacer honor a su apellido. A diferencia de A Bug's Life, Finding Nemo y WALL-E, en donde la animación se apoya en un guión bien afilado y los personajes están muy bien construidos, en John Carter sólo se salva medianamente Lynn Collins, como DejahThoris, la princesa e interés romántico del Carter.
Tuvieron que pasar casi treinta años desde que una novela de Edgar Rice Burroughs llegara a la pantalla. Greystoke, la leyenda de Tarzán, el rey de los monos (1984) había sido la última. Ahora, a diferencia de aquella que no era tan pomposa como John Carter, esta adaptación de A Princess of Mars sólo deja un sabor agridulce. Ni su banda sonora, sobreimpuesta sobre la imagen; ni la edición, a empeñones y tratando de disimular las falencias de la fotografía; nada la salva. Lastimosamente, de poco le valieron a Andrew Stanton sus incontables referencias a Flash Gordon, Buck Rogers, El planeta de los simios, Avatar o La guerra de las galaxias. Lo que aquéllas tenían de inspiración, él lo dilapidó a un precio de doscientos cincuenta millones de dólares.
DIRECCIÓN: Andrew Stanton. GUIÓN: Andrew Stanton, Mark Andrews y Michael Chabon, basados en la historia The Princess of Mars de Edgar Rice Burroughs. FOTOGRAFÍA: Dan Mindel. EDICIÓN: Eric Zumbrunnen. DISEÑO DE PRODUCCIÓN: Nathan Crowley. VESTUARIO: Mayes C. Rubeo. MÚSICA: Michael Giacchino. SUPERVISOR DE EFECTOS ESPECIALES: Chris Corbould. PRODUCCIÓN: Jim Morris, Colin Wilson y Lindsey Collins. DURACIÓN: 137 minutos.
ELENCO: Taylor Kitsch (John Carter), Lynn Collins (Dejah Thoris), Samantha Morton (Sola), Willem Dafoe (Tars Tarkas), Dominic West (Sab Than), Mark Strong (Matai Shang), Thomas Haden Church (Tal Hajus), Ciaran Hinds (Tardos Mors), James Purefoy (Kantos Kahn), Daryl Sabara (Edgar Rice Burroughs), Polly Walker (Sarkoja) y Bryan Cranston (Powell).
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