Puede que este Cartaginés no sea tan prodigioso como aquel que por su futbol llamaban el Ballet Azul, mas de lo que sí puede alardear este versión brumosa, es que en sus venas hay tesón y sangre.
Anoche, con los tantos conseguidos por Eduardo Valverde y Andrés Lezcano, el de la Vieja Metrópoli sumó cuatro victorias al hilo, lo que le pone a solo una de la racha que en 1966 logró el Ballet Azul, la mejor del Cartaginés.
La buena forma de este Cartaginés de Javier Delgado está basada en un futbol está basado en mucho toque y velocidad al ataque, algo que nunca tuvo en el pasado.
Por ello, la primera parte se tiñó de azul, pues fueron los brumosos los que llevaron el hilo del juego, siempre abriendo por los costados, donde Esteban Sirias, a la derecha, y Eduardo Valderde, izquierda, mantuvieron a los defensores florenses ocupados.
Si vemos la planilla, Cartaginés no solo cuenta con hombres de recorrido, sino que además con gente que en el pasado se ha caracterizado por sudar la camisa.
Felix Montoya, compañero de Danny Fonseca en la contención, es prueba de que Javier Delgado cambió la filosofía papera, antes perdedora, por convicción.
Tal característica hace más claro el camino, ya que todos en el equipo reman igual, sin dar un balón por perdido, siempre ordenados y dispuestos al frente.
Caso muy diferente es Herediano, que a pesar de contar con un camerino repleto de figuras, son pocas las ocasiones en las que hilvanan tres pases seguidos y, menos aún, el pensar en armar una jugada que genere peligro.
Aunque ambos conjuntos se ubican de forma muy similar en sus sistemas tácticos, la homogeneidad es notoria en el bando brumoso, no así en la acera rojiamarilla.
Cartaginés en la primera parte llegó cinco veces con opciones, Herediano solo en dos, y fue por individualidades de Gómez y Vargas, no porque presumiera de cohesión.
A diferencia del partido del martes anterior, cuando Mauricio Solís le dio a Elías Aguilar toda la tarea de creación, este vez también metió a Ismael Gómez, punzante pero solitario en la difícil misión.
Claro, mucha de la culpa en que el mediocampo local no carburara, la tiene el desgaste físico que hizo Cartaginés, que no dejó pensar a los florenses cuando tenían el balón.
Tal y como lo acotamos líneas atrás, todos en Cartaginés trabajan arriba y abajo.
Goles. Así fue como cayó el primero, cuando Montoya dejó su papel de marcador para tocar en profundidad a Valverde, quien marcó con un disparo raso.
Otro de los esforzados, Hansell Arauz, gestó el segundo al correr la banda y centrar para Lezcano, que de clavado la puso en el fondo.
Tal vez no domine muy bien la belleza visual de un ballet, pero este Cartago rebosa en sangre azul.