El futbol da muchas vueltas. En ocasiones hace vivir a los protagonistas episodios de angustia, alegría y, también, de sentimientos encontrados.
Eso fue lo que vivió el volante costarricense Celso Borges y su padre Alexandre Guimaraes.
En diciembre del 2007 el volante enfrentó con la selección Sub-23 de Costa Rica a la de Panamá, que era dirigida en aquel entonces por su progenitor.
La cita era crucial y fue para definir un cupo en el preolímpico hacia Pekín 2008.
En el partido de ida, Celso saboreó la victoria 0-1 en el Rommel Fernández; pero la vuelta le tenía uno de los episodios dolorosos de su carrera.
En el Ricardo Saprissa, los canaleros vencieron 0-1, igualaron el global 1-1 y obligaron a la definición en tanda de penales.
Allí, Celso fue el encargado de lanzar el quinto penal de la Tricolor; si fallaba, se esfumaba el sueño olímpico.
El mediocampista costarricense erró el penal y de esa manera le dio el boleto a Panamá. Allí su padre Alexandre Guimaraes ni siquiera pudo festejar como se debía, pesó más la angustia que vivía su hijo en ese momento en La Cueva.